• Carmen Ruiz

Atención activada y aprendizaje continuo


Es muy grato para mi invitarte a que sientas con el corazón abierto, qué actitudes, reflexiones o respuestas has encontrado en esta oportunidad que estamos viviendo como grupo en estos intensos momentos para ir iluminando nuestro camino, activando la atención consciente y valorando respuestas a muchas de las preguntas que de algún modo u otro alguna vez nos hemos hecho.

Te pongo un ejemplo, dejaré unos puntos suspensivos y luego sigues si es tu deseo:

Digamos que al principio se incrementó la sensación de que todo era un sueño, del cual iba a despertarme de un momento a otro, visualizándolo como una gran pompa de jabón a punto de explotar. Eso me permitía retomar emociones que consideraba erradicadas, como la inseguridad o la incertidumbre. Sin embargo, apareció una fuerza de voluntad que arrasaba en un intento de ordenar el mundo que poco antes tenía la gran etiqueta de tranquilo y feliz. Al final, esa pompa se fue iluminando cada vez más, afortunadamente.

Momentos intensos de ir al encuentro de esa verdad escurridiza en un universo lleno de informaciones cuánticas que iban y venían por doquier. De vez en cuando había un descanso que aprovechaba para respirar, hacer ejercicio, disfrutar de la música o meditar.



Llegó aquel día que retomé el canal que ofrece esa escucha certera y que procede de lo mas hondo de nuestro ser. Y aparecieron regalos creativos puestos al servicio de todos. Volvía a canalizar, a soñar, a tener seguridad en mis dones y talentos, incluso en facilitarles los suyos a los demás.

Me di cuenta que la pasión nunca me abandonó, que la chispa de luz del brillo de unos ojos seguía ahí, que la mano tierna de la madre seguía sincerándose, que el abrazo imprevisto surgía con una calidez fuera de lo común. Que tenía avidez por ver a mis amigos y confidentes de misterios por resolver, y sobre todo, apareció la rendición a lo que tuviera que ser en este micro espacio de vida eterna.

Me di cuenta que todo vuelve como ciclos continuos, como olas que suben y bajan de este mar de experiencia. Que las voces nos alertaban de pérdida y de encuentro, de guerras solapadas viviendo cada uno por dentro.

Pude ver también castillos que sus amos defendían lealmente, en un intento de que todo permaneciera igual, más no se daban cuenta que los muros se iban disolviendo poco a poco de su base muy desgastada ya. Los dueños de los castillos, llamados Egos seguían guerreando como si sus vidas les fuera en ello. Y mientras en el bosque cercano, las almas valerosas fluían y se dejaban llevar por el río del único sentimiento posible, el del Amor incondicional.


¿Y tú que aprendiste?…

Carmen R.A.


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